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    April 09

    Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer

     
    RIMAS DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
     
     A continuación os dejo con una selección de mis rimas favoritas de este genial poeta,
    uno de los mejores que han existido y existirán jamás.
     
     Se trata de aquellas rimas que, por una u otra razón más me han llegado al corazón
    o aquellas que por motivos que en estos momentos no vale la pena rememorar me hacen tener bellos recuerdos.
     
     Espero que las disfrutéis tanto como yo.
     
     666 abrazos y sangrientos besos,
     
     † † † Alessandra Von Stille † † †
     
     
    RIMA XVI
     
     Si al mecer las azules campanillas
        de tu balcón,
     crees que suspirando pasa el viento
        murmurador,
     sabe que, oculto entre las verdes hojas,
        suspiro yo.
     
     Si al resonar confuso a tus espaldas
        vago rumor,
     crees que por tu nombre te ha llamado
        lejana voz,
     sabe que, entre las sombras que te cercan
        te llamo yo.
     
     Si se turba medroso en la alta noche
        tu corazón,
     al sentir en tus labios un aliento
        abrasador,
     sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
        respiro yo.
     
     
     RIMA LXVI
     
     ¿De dónde vengo...? El más horrible y áspero
        de los senderos busca:
     Las huellas de unos pies ensangrentados
        sobre la roca dura,
     Los despojos de un alma hecha jirones
        en las zarzas agudas,
        te dirán el camino
        que conduce a mi cuna.
     
     ¿A donde voy? El más sombrío y triste
        de los páramos cruza,
     valle de eternas nieves y de eternas
        melancólicas brumas.
     
     En donde esté una piedra solitaria
        sin inscripción alguna,
        donde habite el olvido,
        allí estará mi tumba.
     
     
     RIMA LII
     
    Olas gigante que os rompéis bramando
        en las playas desiertas y remotas;
        envuelto entre las sábanas de espuma,
        ¡llevadme con vosotras!
     
     Ráfagas de huracán que arrebatáis
        del alto bosque las marchitas hojas;
        arrastrado en ciego torbellino,
        ¡llevadme con vosotras!
     
     Nubes de tempestad que rompe el rayo
        y en fuego ornáis las desprendidas orlas;
        arrebatado entre la niebla oscura,
        ¡llevadme con vosotras!
     
     Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
        con la razón me arranque la memoria...
        ¡Por piedad!... ¡Tengo miedo de quedarme
        con mi dolor a solas!
     
     
     RIMA I
     
    Yo sé un himno gigante y extraño
    que anuncia en la noche del alma una aurora,
    y estas páginas son de este himno
    cadencias que el aire dilata en las sombras.
     
    Yo quisiera escribirle, del hombre
    domando el rebelde, mezquino idioma,
    con palabras que fuesen a un tiempo
    suspiros y risas, colores y notas.
     
    Pero en vano es luchar; que no hay cifra
    capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa!,
    si, teniendo en mis manos las tuyas,
    pudiera, al oído, cantártelo a solas.
     
     RIMA II
     
     Saeta voladora
        cruza, arrojada al azar,
        sin adivinarse dónde
        temblando se clavará;
     
     Hoja que del árbol seca
        arrebata el vendaval
        sin que nadie acierte el surco
        donde a caer volverá;
     
     Gigante ola que el viento
        riza y empuja en el mar,
        y rueda y pasa, y no sabe
        qué playa buscando va;
     
     Luz que en cercos temblorosos
        brilla, próxima a expirar,
        ignorándose cuál de ellos
        el último brillará;
     
     Eso soy yo, que al acaso
        cruzo el mundo, sin pensar
        de dónde vengo, ni a dónde
        mis pasos me llevarán.
     
     
     RIMA XI
     
     - Yo soy ardiente, yo soy morena;
         yo soy el símbolo de la pasión;
         de ansia de goces mi alma está llena.
         ¿A mí me buscas? - No es a ti; no.
     
     - Mi frente es pálida; mis trenzas de oro;
         puedo brindarte dichas sin fin;
         yo de ternura guardo un tesoro.
         ¿A mí me llamas? - No; no es a ti.
     
     - Yo soy un sueño, un imposible;
         vano fantasma de niebla y luz;
         soy incorpórea, soy intangible;
         no puedo amarte. - ¡Oh, ven; ven tú!
     
     
     RIMA LIII
     
     Volverán las oscuras golondrinas
        en tu balcón sus nidos a colgar,
        y otra vez con el ala en sus cristales,
        jugando llamarán;
     
     Pero aquellas que el vuelo refrenaban
        tu hermosura y mi dicha al contemplar;
        aquellas que aprendieron nuestros nombres,
        ésas... ¡no volverán!
     
     Volverán las tupidas madreselvas
        de tu jardín las tapias a escalar,
        y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
        sus flores abrirán;
     
     Pero aquellas cuajadas de rocío,
        cuyas gotas mirábamos temblar
        y caer, como lágrimas del día...,
        ésas... ¡no volverán!
     
     Volverán del amor en tus oídos
        las palabras ardientes a sonar;
        tu corazón, de su profundo sueño
        tal vez despertará;
     
     Pero mudo y absorto y de rodillas
        como se adora a Dios ante su altar,
        como yo te he querido..., desengáñate,
        ¡así no te querrán!
     
     
     RIMA LXI
     
     Al ver mis horas de fiebre
        e insomnio lentas pasar,
        a la orilla de mi lecho,
        ¿quién se sentará?
     
     Cuando la trémula mano
        tienda, próximo a expirar,
        buscando una mano amiga,
        ¿quién la estrechará?
     
     Cuando la muerte vidríe
        de mis ojos el cristal,
        mis párpados aún abiertos,
        ¿quién los cerrará?
     
     Cuando la campana suene
        (si suena en mi funeral),
        una oración al oírla
        ¿quién murmurará?
     
     Cuando mis pálidos restos
        oprima la tierra ya,
        sobre la olvidada fosa,
        ¿quién vendrá a llorar?
     
     ¿Quién, en fin, al otro día,
        cuando el sol vuelva a brillar,
        de que pasé por este mundo,
        quién se acordará?
     
     
     RIMA LXV
     
     Llegó la noche, y no encontré un asilo,
        ¡y tuve sed!... Mis lágrimas bebí.
        ¡Y tuve hambre!... ¡Los hinchados ojos
        cerré para morir!
     
     ¡Estaba en un desierto! Aunque a mi oído
        de las turbas llegaba el ronco hervir,
        yo era huérfano y pobre... ¡El mundo estaba
        desierto para mí!
     

    Comments (2)

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    Marcoswrote:
    Hola, muchas gracias por tu comentario, me alegro de que te hayan gustado las fotos :) un saludo!
    Apr. 19
    Adoro lospoemas de Bequer, es uno de mis poetas favoritos ^^
    y tu eleccion es fantástica
     
    kisses
    Apr. 14

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